En esta venerable basílica, es tradición que descansa con todos los honores el cuerpo venerado de Santiago, debajo del altar mayor que se ha levantado en su honor, guardado en un arca de mármol, en un magnífico sepulcro de bóveda.” (Guía del peregrino medieval, Libro V de Codex Callixtinus)

Una de las ciudades más importantes en la Europa medieval y tercer gran lugar de peregrinación después de Jerusalén y Roma fue la Santiago de Compostela. Su excelencia y santidad radicaban en ser el lugar de enterramiento del apóstol Santiago el Mayor, uno de los tres apóstoles más cercanos a Jesucristo junto con san Juan, su hermano, y san Pedro. Eran muy numerosos los peregrinos que llegaban de todas partes de la Cristiandad para honrar al Apóstol después de que se extendiera la noticia de la invención o hallazgo de sus reliquias en el siglo IX.

La leyenda de su descubrimiento se puede resumir así: A principios del siglo IX, cuando era rey en Asturias Alfonso II el Casto, en un bosque empezaron a escucharse voces celestiales y a verse luces extrañas como estrellas(1), principalmente donde el bosque era más denso. Cerca de allí vivía un ermitaño llamado Pelayo, el cual, divinamente inspirado, anunció que allí se encontraban los restos de Santiago el Mayor. La noticia llegó a oídos del obispo de Iria Flavia, Teodomiro, quien decidió investigar el asunto. Fue a la zona a presenciar los acontecimientos tan extraordinarios y mandó trabajadores al lugar, donde descubrieron los restos de una tumba en el bosque y allí encontró los indicios de que efectivamente allí estaba enterrado Santiago. Esta es la historia que más se ha difundido, pero ahora veamos qué es real y qué es fantasía.

Martirio

Decapitación de Santiago el Mayor, Navarrete el Mudo (1569-1571). Fuente

La primera pregunta que surge es quién es Santiago. Tenemos muy pocos datos fidedignos sobre su vida excepto los que aparecen en el Nuevo Testamento. Por los Evangelios sabemos que su padre se llamaba Zebedeo, su hermano era el apóstol san Juan, y que eran pescadores. Su madre ha sido identificada como María Salomé, una de las seguidoras de Cristo y que habría estado presente con otras mujeres tanto en el momento de la Crucifixión como en el momento de descubrir que el sepulcro de Cristo estaba vacío. Ambos hermanos fueron llamados por Jesús como Bonaerges, hijos del trueno. Santiago acompañó a Jesucristo durante la vida pública de éste después de ser elegido como uno de los Doce, siendo destacada su presencia junto con san Pedro y san Juan en algunos momentos significativos como la resurrección de la hija de Jairo, la Transfiguración y la Oración en el Huerto de los Olivos. En los Hechos de los Apóstoles se lo menciona junto con los demás discípulos en Jerusalén a la espera de Pentecostés, su estancia en la cárcel por orden del Sanedrín por un breve tiempo y finalmente, su martirio, entre los años 41 y 44: Por aquel tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la Iglesia para maltratarlos. Hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan (Hch 12, 1-2). Es apodado como el Mayor para distinguirlo de otro Santiago que había sido también apóstol y que ha sido señalado como pariente del propio Cristo y primer obispo de Jerusalén.

No conocemos más datos con seguridad sobre este apóstol, pero donde acaban los documentos históricos empiezan las tradiciones y leyendas orales, las cuales señalan que entre Pentecostés y su martirio, Santiago el Mayor viajó a Hispania para evangelizar allí. Durante su estancia habría tenido lugar la Venida de la Virgen María a Zaragoza para alentar al apóstol, que pocos resultados estaba obteniendo, y que daría origen a la advocación mariana del Pilar. Un hecho que no aparece mencionado en el Nuevo Testamento es qué pasó con el cuerpo de Santiago, algo significativo porque en los Hechos de los Apóstoles se menciona explícitamente el entierro del considerado protomártir de la Iglesia, el diácono Esteban.

A la vista de esto, cabe preguntarse de dónde procede la idea de que Santiago predicó en Hispania y fue enterrado aquí. Sobre lo primero, la información es muy escasa y relativamente tardía(3). El testimonio más antiguo sería del escritor de Alejandría Dídimo el Ciego en el siglo IV, quien menciona que hubo apóstoles que predicaron en Hispania, la India y otros lugares. El siguiente testimonio, un poco más explícito, es de san Jerónimo (c. 340 – 420), quien en sus Comentarios al profeta Isaías afirma que uno de los apóstoles que fueron pescadores en el lago de Genesaret, Pedro, Andrés, Santiago y Juan, estuvo precisamente en Hispania. Hay que esperar a textos posteriores para que se señale con más precisión que fue Santiago el que predicó en la Península. El primero fue el Breviarium Apostolorum, escrito en griego y traducido al latín hacia el año 600 y en el cual se incluyó la referencia a su enterramiento en un lugar denominado Achaia Marmarica: “Jacobus (…), frater Iohannis; hic Spaniae, et occidentalia loca praedicatur (…) sepultusque est in Achaia Marmarica” [Santiago (…) el hermano de Juan, predicó en Hispania y lugares occidentales (…) y fue sepultado en Achaia Marmárica]. Esta información sería recogida por autores posteriores como san Isidoro de Sevilla en De ortu et obitu Patrum, san Julián de Toledo en el Comentario al profeta Nahúm e incluso fuera de la Península, como Inglaterra, por parte del monje san Beda el Venerable (672-735).

Con respecto a la información sobre su sepultura en Hispania, los documentos son incluso más escasos. Contamos con textos del siglo V y VI, los Catálogos de los Apóstoles, que señalan como lugar de enterramiento Judea, aunque al poco tiempo ya se menciona el mencionado lugar de Achaia Marmarica(2). Tal vez la mención de Judea se deba a la confusión que se dio por haber existido varios Santiagos, como el Menor, quien sí murió en Jerusalén. El primer autor que señala a Hispania como lugar de sepultura con claridad es el ya mencionado Beda. En su Homilía número 92 sobre san Juan el Evangelista señala que el cuerpo de su hermano Santiago “in Hispania (…) requiescit” (descansa en España). Es aún más explícito en su Martirologio, pues en la edición de Colonia, en el día 26 de mayo (VII Kal. Junii) afirma que los huesos del apóstol “ab Hispaniis translata sunt, et in ultimis earum finibus, videlicet contra mare Britannicum condita” (fueron trasladados a las Hispanias, y escondidos en sus últimos límites, esto es, enfrente del mar Británico). A esta falta de documentación se une el silencio que pesa entre los autores hispanos de época romana y visigoda sobre la presencia de las reliquias de Santiago en la Península, algo que se puede interpretar en contra de su veracidad. También es muy significativo que en esos siglos que van desde el siglo I al siglo IX no surgiera ninguna otra ciudad ni región que reclamara para sí el honor de contar con estas reliquias.

Para suplir la falta de información sobre el traslado del cuerpo de Santiago desde Judea hasta Hispania, apareció una historia muy conocida. Según ésta, dos de los discípulos del Apóstol, Atanasio y Teodoro, fueron los encargados de recuperar el cuerpo antes de que pudiera ser profanado para darle sepultura. Después de muchas peripecias, llegaron a lo que es Galicia, donde pidieron permiso a una mujer conocida como la reina Lupa que les permitiera enterrar a Santiago en sus tierras. Después de pasar por varias pruebas e incomprensiones, finalmente pudieron enterrarlo en el mismo mausoleo que se había construido Lupa y, con él, estos dos discípulos. Es interesante tener presente estos datos para comprender lo que habría hallado el obispo Teodomiro cuando fue a investigar lo que le contó el ermitaño Pelayo.

Donde falta información documental, la arqueología ha ocupado un papel muy relevante para responder a las numerosas dudas e interrogantes que surgieron sobre el tema. Entre 1875 y 1886 se hicieron diferentes excavaciones dentro de la catedral de Santiago de Compostela con el fin de encontrar los restos apostólicos, los cuales habían sido escondidos en 1589 con motivo de los ataques que realizó Francis Drake en 1589 en las costas de Galicia. El traslado se hizo en secreto para evitar su profanación, lo que contribuyó a que se perdiera el recuerdo de su ubicación hasta las excavaciones del siglo XIX.

Excavaciones

Fotografía de las excavaciones en la catedral de Compostela. Fuente

Durante el proceso se constató que se trataba de un asentamiento romano fundado en la época altoimperial y el cual había sido habitado desde esta época hasta la Alta Edad Media. Para reforzar esta idea, en unas excavaciones que se hicieron entre los años 1946 y 1954 en la catedral se encontraron con una necrópolis que empezó a ser usada entre los siglos II y III d.C. y que se siguió utilizando en época sueva y altomedieval con señales de que se trataban de enterramientos cristianos.

Estas tumbas se encontraban cerca de otra estructura funeraria encontrada en las investigaciones hechas en el siglo XIX. Además de encontrar la tumba provisional del siglo XVI con las reliquias, se encontraron con los restos de un edículo funerario de la época romana. Era un edificio de planta rectangular con dos pisos. Contaba con un acceso por la parte superior ya que no se ha localizado ninguna puerta en la planta baja. En ésta había dos estancias, la principal en la que cual estaba el sepulcro del apóstol y una secundaria donde se encontraban las tumbas de los dos discípulos de Santiago. En el año 1988 se encontró una fenestella martirial, un agujero creado en la pared de ladrillo del sepulcro de uno de los santos allí enterrados para permitir pasar telas por los restos para pasar a ser consideradas reliquias. Al haberse hecho en el momento en el que se levantó el muro de ladrillo, indica que ya entonces había culto cristiano en ese lugar. También hubo, de acuerdo a algunas suposiciones, un mosaico cubriendo el sepulcro jacobeo con símbolos significativos como la flor de loto por su vinculación a  la resurrección. A este piso se accedería por una trampilla interna. En la planta superior había un pequeño oratorio con altar formado por una columna y el titulus funerario del edificio (4). Este altar se ha conservado y es conocido como Ara de San Paio. El titulus contaba con una inscripción que se ha conservado gracias a la transcripción hecha en el siglo XVI:

Ara

D(iis) M(anibus) S(acrum) / ATIA MOETA T(estamento) / TETLVM P(osuit) / S(omno) A(eternali) / VIRIAE MO(etae) / NEPTIS PI(entissimae) A(n)N(orum) XVI / ET S(ibi) F(aciendum) C(uravit)

Consagrado a los Dioses Manes. Atia Moeta, por disposición testamentaria hizo colocar este epitafio al sueño eterno de Viria Moeta, su buenísima nieta de dieciséis años, y proveyó a su propio enterramiento.

Es un texto muy interesante porque tal vez éste sea el origen remoto de la figura de la reina Lupa, Atia Moeta, una mujer hispana que permite enterrar en su propio sepulcro a Santiago. Además, debía de tratarse de alguien importante para poder contar con su propio sepulcro y sin necesidad de una figura masculina de por medio.

Cuando se hicieron las excavaciones del siglo XIX y se localizó la tumba donde estaban las reliquias, se examinaron éstas. Eran los huesos mezclados de tres varones, dos adultos y uno anciano. Los primeros presentaban señales de haber sido decapitados. Para identificar los restos del Apóstol, con motivo del proceso canónico que se abrió para verificar las reliquias, se trajo de Pistoia, en Italia, un fragmento de la apófisis mastoidea derecha que se tenía confirmada que había sido mandada por el arzobispo Diego Gelmírez desde Compostela. Gracias a esto se identificó al Apóstol ya que de los tres cráneos sólo a uno le faltaba esta parte. A la luz de estos hallazgos, el papa León XIII aceptó con la bula Deus Omnipotens en 1879 que se trataban de las reliquias de Santiago el Mayor y sus discípulos.

Una vez hecho este breve resumen, se podría hacer la siguiente suposición de los acontecimientos reales quitando los elementos legendarios y fantasiosos que se han mezclado para dar mayor realce. Es plausible que Santiago fuera a predicar a Hispania, algo que se podía hacer porque ya desde la época de los fenicios había contactos entre ambos extremos del Mediterráneo. Después de volver a Judea y ser decapitado por orden del rey Herodes, sus discípulos pensaron que sería mejor llevarse el cuerpo lo más lejos posible de Jerusalén y pudieron haber contado con ayuda para prepararlo para el viaje. Una vez aquí, una mujer les permitió usar su propio mausoleo para el enterramiento de Santiago y, después, de dos de sus discípulos. Este lugar se convirtió en poco tiempo en un oratorio cristiano y su fama propició que los cristianos del lugar se quisieran enterrar cerca de la Tumba durante siglos. Tal vez con la llegada de los musulmanes se hizo necesario ocultarla para que no fuera profanada ni destruida, o incluso podría haber ocurrido antes con motivo de la llegada de los suevos a la Península a principios del siglo V, quienes crearon su propio reino en esta parte de Hispania. Esto podría explicar el silencio que hay entre los escritores eclesiásticos durante la época visigoda sobre la Tumba en la actual Galicia, aunque tanto fuera de la Península como dentro se señalaba a Hispania como lugar de la predicación del Apóstol y de su sepultura. Este silencio pudo ser incentivado también por los propios cristianos del lugar para que no se llegara a descubrir el edificio aunque siguieron utilizando el cementerio como señal de respeto y de deseo de estar lo más cerca posible de Santiago. No obstante, el recuerdo no se perdió y sería conocido por el obispo Teodomiro cuando lo identificó con rotundidad al encontrarse de nuevo.

Una última pregunta para resolver es en qué año se produjo el hallazgo. Es prácticamente imposible dar una fecha exacta pero sí una muy aproximada. Sabemos que se produjo durante el reinado del rey Alfonso II el Casto, que fue entre los años 791 y 842, y el episcopado en Iria Flavia de Teodomiro entre 818 y 847, año de su muerte. Además, conocemos que para la década de los 30 del siglo IX se levantó sobre la Tumba, aunque buscando conservarla lo mejor posible, la primera basílica. Por lo tanto, la invención es posible situarla entre 818 y 830. En esta iglesia primitiva se enterró el obispo Teodomiro, lejos de su sede episcopal, y se puso una lauda funeraria para señalar el lugar del enterramiento. Ésta se encontró en las excavaciones realizadas entre 1946 y 1954 en el subsuelo de la actual catedral.

A modo de conclusión, podemos decir que si bien las fuentes documentales son muy escasas y tardías, sin embargo coinciden en señalar al Apóstol predicando en Hispania y que aquí habría sido enterrado. Esta tradición no ha sido disputada formalmente por otra ciudad o región. En su historia se mezcla la realidad y la ficción, que se ha convertido en un importante lastre para estudiar este tema. Donde falta la documentación, la arqueología ha dado una información muy interesante sobre cómo fue ese primer enterramiento y su evolución. Todo apunta a que es verosímil la idea de que el cuerpo de Santiago el Mayor esté enterrado en Compostela, aunque de momento no se ha podido encontrar los datos que algunos consideran imprescindibles para su confirmación.

Tumba

Tumba Apostólica con las reliquias de Santiago el Mayor y sus discípulos. Fuente

Notas

1. Según la creencia más aceptada, el origen de la palabra Compostela viene del latín “campus stellae”, campo de la estrella. Sin embargo, existe otra teoría fundamentada que afirma que procede la palabra latina “compositum”, que significar enterrado.

2. Los textos dan diferentes variantes de este nombre como Acha Marmarica (De ortu et obitu Patrum, San Isidoro) y Archa Marmorica (Libellus Sancti Epiphanii, Anónimo).

3. Para una explicación más extensa y detallada sobre el presencia y ausencia de textos que hablan de la predicación de Santiago y el traslado y entierro de su cuerpo recomiendo la lectura del libro de Freire Camaniel mencionado en la bibliografía, las pp. 77-188

4. Es bastante llamativo que los altares cristianos hispanorromanos y visigodos tuvieran esta peculiar forma de T cuando en el resto de lugares el altar adoptó la forma maciza características de cubo, en la parte oriental del Mediterráneo, o prisma, en la parte occidental. ¿Podría ser una influencia del Ara de San Paio?

 

Bibliografía

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BRAVO LOZANO, M.: Guía del peregrino medieval, Codex Calixtinus. Sahagún: Centro de Estudios del Camino de Santiago, 1989.

FREIRE CAMANIEL, J.: Gallaecia: Antigüedad, intensidad y organización de su cristianismo. Madrid: Fundación Barrié, 2013.

GARCÍA COSTOYA, C.: El misterio del apóstol Santiago. Barcelona: Plaza & Janés Editores, 2004.

IX Centenario de la Catedral de Santiago de Compostela. Barcelona: Confederación Española de Cajas de Ahorro, 1977.

MÁRQUEZ VILLANUEVA, F.: Santiago: trayectoria de un mito. Barcelona: Edicions Bellaterra, 2004.

Santiago, camino de Europa: Culto y cultura en la peregrinación a Compostela: [Exposición], Monasterio de san Martín Pinario, Santiago. Santiago de Compostela: Dirección Xeral do Patrimonio Histórico e Documental, 1993.

Tradición Jacobea: https://albertosolana.wordpress.com/

Página 243

http://www.documentacatholicaomnia.eu/02m/0627-0735,_Beda_Venerabilis,_Homiliae,_MLT.pdf